viernes, 23 de septiembre de 2011
No se si lo sabeis pero, rendirse perjudica.
En un país extraño no lograba comprender lo que estaba pasando. Reía poco y cuando ocurría era como si el planeta entero guardara silencio para escuchar su himno. Gobernaba el mundo desde su rincón y sin ser consciente de la importancia que su respiración imprimía en los corazones de los demás. Nunca descubrió que su torcido labio inferior era la definición de belleza para muchas personas; no lo veía y por eso, egoístamente y sin que nadie se enterara, decidió quitarse la vida y apagar la luz del mundo para todos aquellos que en silencio y sin que se notara respirábamos al compás de los pequeños pasos que ella daba.
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