Aquél día intuí que algo especial iba a suceder, algo que
cambiaría el rumbo de mi vida…
No sentí lo que sentía todos los días al despertarme, me
sentí diferente, como más feliz, como si no fuera a ser un día como otro
cualquiera; aunque no le encontraba el sentido, ya que iba a ser un día como
otro cualquiera.
Tenía que seguir mi rutina diaria, y ya que era la primera
vez en mucho tiempo que me sentía así, decidí romper la monotonía y hacer algo
diferente.
Comencé a pensar: quizás era el momento de terminar esas
cosas que dejas siempre a medio hacer, esas cosas que dices que vas a terminar
y ni siquiera las empiezas… O de ir a esos sitios, los cuales siempre tuve
curiosidad por visitar, por conocer…
Estaba indecisa por qué hacer o dejar de hacer. Quizás debía
ir al cine a ver esa película de la que tanto hablan todos, o visitar ese que
tanto ha sido anunciado en periódicos y canales de televisión.
Salí de casa sin rumbo fijo, no me dejé llevar por las
recomendaciones de nadie, ni de mi misma.
Comencé a andar mientras observaba el paisaje. Hacía un buen
día, ni frío ni calor. Era soleado, pero el cielo estaba bonito, llamaban la
atención sus colores y la forma que tenían las nubes de colocarse en el cielo y
viceversa. Las nubes viajaban sin un rumbo aparente, prácticamente como yo. Quizás
ahora se dirigían a la derecha, pero luego el viento remontaba otra dirección y
estas cambiaban de rumbo.
Y ahí me di cuenta de que las nubes dependen del viento para
moverse, nosotros dependemos de un despertador para despertarnos, de alguien o
algo para ser felices; dependemos del tiempo que haga ese día; dependemos del
dinero, del que nos sobra o del que nos falta. Dependemos de la opinión de alguien
hacia nosotros, dependemos de la hora que pone en nuestros móviles o relojes,
como si diéramos por hecho que estos fueran nuestros relojes vitales que midan
el tiempo que nos queda de vida, o el que nos falta.
Yo ahora mismo solo dependía de mis pensamientos. No me
hacía falta nada más, solo aire y que la sangre llegara a donde tuviera que
llegar.
En ese momento todo estaba bien, iba todo… No perfecto pero
sí bien, en ese momento no era más o menos infeliz por no tener pareja, por no
tener a esa persona que te diga “te quiero” de esa manera que solo sabe sentir
él. Pero ese no es el mejor tipo de amor, ese amor te daña, en un momento te
hace sentir bien y al de cinco minutos puedes estar confusa sin saber qué
hacer. Es un sentimiento muy frecuente y sin el cual no podríamos probablemente
seguir a delante, llegaríamos hasta el punto de que la especie se extinguiera,
por lo tanto es un sentimiento necesario.
Es un sentimiento que crea dependencia.
Y tras pensaba todo esto había estado andando, y anduve y
anduve sin necesidad de tener que parar. Al final llegué a una playa, era
preciosa, no era una para de esas que suelen estar repletas de gente, era
tranquila y podías ver cómo se veía el fondo del mar.
Me senté en una roca y comencé a pensar y vi cómo se movían
las olas y cómo estas rompían en las rocas y ahí me di cuenta de que la vida
pasa, como pasan las olas sobre las rocas… La vida pasa y por ella pasan
personas y con esas personas has pasado momentos, tanto malos como buenos. Y que
hay cosas en esta vida que se quedan para siempre, como los recuerdos; y otras
cosas que solo pasa y se olvidan, como el tiempo.